Se celebra la 3ª edición de los Premios Sombra a la peor publicidad
Por tercer año consecutivo, y coincidiendo con la entrega de los Premios Sol de publicidad a celebrarse en mayo en la ciudad de San Sebastián, llegan los Premios Sombra 2010 con la finalidad de señalar los peores anuncios del último año, por transmitir valores machistas, discriminatorios, irresponsables, ultraindividualistas o insolidarios.
El próximo lunes 24 de mayo Ecologistas en Acción dará a conocer los anuncios ganadores de esta tercera edición.
A finales de mayo se vuelven a celebrar los Premios Sol de publicidad de San Sebastián. Pero desde hace tres años el área de consumo de Ecologistas en Acción ha decidido acompañarlos, organizando los Premios Sombra, con el objeto de galardonar a los peores anuncios.
Es frecuente recalcar el papel comercial, informativo, artístico o de entretenimiento que puede tener la publicidad, y premiar a los anuncios por su creatividad, su ingenio o sus técnicas. Sin embargo, no puede perderse de vista el papel de la publicidad como canal de transmisión de valores e incluso como lobby ideológico del consumismo. Y en esa dirección apunta la mirada de los Premios Sombra.
En un escenario caracterizado por saturación publicitaria y una batalla cada vez más cruenta de los anunciantes por obtener una cuota en las percepciones de los 1.700 millones de consumidores del planeta, la publicidad cada día invade más espacios, informa menos, o nada, disfraza, maquilla y transmite valores perniciosos para las personas y el medio ambiente. Todo sea en el nombre de mantener en un estado de insatisfacción sistemática y potenciar el deseo de comprar y desechar de las clases medias consumidoras.
La industria de promoción de la industria, sin duda un sector clave para mantener en movimiento la maquinaria capitalista, ha ido reduciendo al mínimo su función informativa, prometiendo satisfacer no las necesidades básicas sino los anhelos y aspiraciones laborales, sociales y hasta sentimentales. Y para ello, la principal estrategia es, por una parte, mostrar una potencialidad mágica de los objetos consumidos y, por la otra, insistir al mismo tiempo en las carencias que aquejan al sujeto consumidor.
No obstante, los estilos de vida cuidadosamente seleccionados como imaginario social, reflejados en los 3.000 impactos publicitarios que recibe un ciudadano/a cada día, en realidad apuntan a una sorprendente homogeneidad de valores: la reivindicación de lo individual ante lo colectivo, del hedonismo frente al esfuerzo, de lo inmediato frente al largo plazo, de lo estético frente a lo ético.
El resultado es que el consumo ha adquirido un papel tan central como paradójico: frente a un estilo de vida cada vez más estructurado a partir del consumo, un tercio de los consumidores/as europeos presenta un nivel alto de adicción al consumo, problemas graves de compra impulsiva o falta de autocontrol en sus gastos [1]. Mientras crece a 350 millones el número de obesos en lo países del Norte económico, hay cada vez más evidencias de que el actual modelo de consumo está basado en el despilfarro: cuando 800 millones de personas viven en la pobreza más severa, cerca del 40% de los alimentos que se producen se pierden sin ser consumidos (FAO, 2006). Un sinsentido que queda oculto entre los colores, las imágenes, los modelos, las palabras, las ideas y los ideales que transmiten los anuncios.
Entre tanto, la publicidad sigue ofreciendo al consumo como un camino inequívoco para alcanzar una felicidad que, además de ser escurridiza, tiene una obsolescencia planificada y acelerada. Por todo esto, el próximo 24 de mayo Ecologistas en Acción dará a conocer los anuncios premiados en las diez categorías del certamen, con los premios Cenutrio, Lavadora Verde, Chimenea, Florero, Lavado Solidario, Ombligo del Mundo y Toda una Trayectoria, entre otros. Para, de esta manera, mostrar y denunciar aquellos anuncios que durante el último año han destacado por transmitir valores sexistas, insolidarios, consumistas, o por hacer pasar un producto como ecológico o saludable sin serlo. Porque, una mentira por más que sea repetida tres mil veces, sigue siendo una mentira.









